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La hora feliz es de 9 a 5

Cómo adorar tu trabajo y tu vida y arrasar en tu empresa

del Director de Felicidad Alexander Kjerulf


Alexander Kjerulf

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Por qué importa la felicidad en el trabajo

Patricia, una mujer de treinta y pocos años, extrovertida, simpática y siempre sonriente con un mechón de cabello rebelde y prematuramente canoso, estaba encantada con su primer trabajo como directiva. Anteriormente había trabajado como secretaria, personal auxiliar y administrativa en sentido amplio, pero como gestora de compras de una gran empresa productora de aditivos alimentarios estaba deseando mejorar sensiblemente sus procedimientos de compras.

La selección había sido fácil. La compañía necesitaba cubrir la vacante rápidamente y una antigua colega de Patricia que ahora trabajaba allí la recomendó. Todo parecía fantástico. Bonitas oficinas en un entorno boscoso: ¡bien! Responsabilidades interesantes: ¡bien! Compañeros agradables: ¡bien! Un buen sueldo: ¡fantástico!

Pero cuando Patricia empezó en su nuevo trabajo, las cosas dejaron de ser tan idílicas. El ambiente en la compañía era mucho más competitivo que colaborativo. Su jefe directo casi nunca estaba, apenas si notaba o comentaba algo sobre el trabajo que hacían ella o sus compañeros. De hecho, a nadie parecía importarle mucho lo que hacían los demás, era un caso de “Haz tu trabajo, que yo haré el mío”.

Ella hacía su trabajo, y lo hacía muy bien, pero no obtuvo ningún reconocimiento. A pesar de que intentó cambiar el ambiente de su departamento, era muy difícil para una recién llegada cambiar costumbres y usos antiguos y consolidados.

A medida que pasaban los meses, Patricia esperaba cada vez con menor interés el inicio de su jornada laboral. Le costaba un mundo salir por la puerta por las mañanas. Perdió mucha energía en sus actividades fuera del trabajo. Cada vez hacía menos ejercicio, salía menos y veía más televisión.

Tras 7 meses de trabajo, Patricia decidió abandonarlo. No es que hubiese encontrado otro trabajo, sencillamente fue y lo dejó.

Inmediatamente, la gente cercana a Patricia empezó a notar la diferencia: mientras antes estaba cansada y triste, ahora se veía feliz, juguetona, llena de energía. Con cada día que pasaba después de haber tomado la decisión de dimitir volvía a ser más ella misma a pasos agigantados.

Lo que le sorprendía a Patricia, y le asustaba bastante, es que no se había dado cuenta de cómo le había afectado su trabajo realmente, porque ese cambio se había ido produciendo gradualmente con el paso de los meses. Pero después de su decisión de irse volvió a recuperar su personalidad alegre en un par de semanas y de repente entendió que un ambiente laboral tan desagradable le había afectado negativamente tanto dentro como fuera del trabajo.

Patricia aprovechó su redescubierta energía para formarse y ahora es una profesional del fitness a tiempo completo. Su nuevo trabajo la hace muy feliz y en su nuevo lugar de trabajo insisten en que ella es “lo mejor que nos ha pasado nunca”. Patricia se ha prometido no volver a aceptar un trabajo que no la haga feliz.

¿Por qué es tan importante la felicidad en el trabajo? ¿Importa realmente o sencillamente podríamos ir a trabajar, ser infelices, coger nuestra nómina y ser felices en nuestro tiempo libre?

La respuesta es clara: no sólo la felicidad en el trabajo importa, sino que es el principal elemento que determina si una persona o un negocio tendrán éxito. Lo sé por experiencia propia.

Cuando conseguí mi primer trabajo como consultor trabajé muy duro. Era el perfecto consultor de TI tradicional que trabajaba muchas horas extra en nombre del éxito. Me había mudado a otra ciudad para ese trabajo, lejos de mis amigos y mi familia, pero no me importaba: de todos modos no tenía realmente tiempo para nada que no fuera el trabajo. Básicamente, me concentraba solo en tener éxito en el trabajo.

Después de un año, de repente me di cuenta de una cosa. Tenía éxito, es cierto, y había ganado mucho dinero, pero también me sentía solo e infeliz porque lo único que hacía era trabajar. Pensé en ello un tiempo, y decidí darle un cambio a mi vida, trabajar siempre de manera que me hiciese feliz. Reduje el trabajo y empecé a hacer ejercicio y a hacer amigos en mi nueva ciudad.

Después de un año, mi vida se transformó completamente. Antes, mis veladas consistían en conducir de vuelta a casa desde el trabajo, un poco de comida basura y muchísima televisión. Ahora tenía nuevos amigos, hobbys interesantes y estaba más en forma que nunca gracias al ejercicio.

La felicidad en el trabajo no es un lujo. No debería ser tu quinta prioridad después de un buen sueldo, un cargo importante, una oficina con ventanal y la llave del cuarto de baño de directivos. La felicidad es más importante que cualquier otra cosa para determinar tu disfrute en el trabajo, tu calidad de vida fuera de él y tu éxito.

Pero antes no pensábamos así.

La ética protestante del trabajo

Durante buena parte de nuestra historia, ha predominado la idea de que el trabajo es algo duro y desagradable y que es por eso por lo que nos pagan. Ello lo expresa muy claramente Max Weber en su obra basada en la Biblia La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que fue utilizada por los pastores protestantes para predicar que el trabajo duro era bueno para las personas, para la sociedad cristiana y un bálsamo contra el pecado original. Según el cristianismo, los seres humanos vivían en el Jardín del Edén, donde todo era perfecto. Pero a causa del pecado original fuimos expulsados y esta es nuestra situación actual, según reza Génesis 3:19: “Con el sudor de tu rostro ganarás el pan que comas hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Según la creencia judía, el trabajo es una “maldición enviada expresamente por Dios para castigar la desobediencia y la ingratitud de Adán y Eva”. El Antiguo Testamento mismo alaba el trabajo no porque halle ninguna alegría en él, sino porque es necesario para combatir la pobreza y la indigencia.

En griego clásico la palabra que designa al trabajo es ponos, procedente del latín poena, que significa pena. El trabajo manual estaba reservado a los esclavos, mientras que los hombres libres atendían los asuntos de la guerra, el comercio a gran escala y las artes, especialmente la arquitectura o la escultura1.

De modo que, según nuestras raíces culturales, el trabajo es una maldición, un castigo por el pecado original y sólo para los esclavos. En resumidas cuentas, la vida es un infierno –o “repugnante, brutal y corta”, como decía Hobbes−, el trabajo es un infierno y tenemos que soportarlo porque somos unos pecadores, pero no os preocupéis, ¡tendremos nuestra recompensa cuando estemos muertos! ¿Alguna pregunta?

¡Es hora de que superemos esa particular visión del trabajo! Richard Reeves dice lo siguiente en su excelente libro Happy Mondays (Lunes felices):

Cualquiera que crea que el trabajo debería ser deprimente solo porque es trabajo o que debería existir un cerco sanitario entre el “trabajo” y la “vida”, más vale que encuentre una máquina del tiempo, la programe en el año 1543 y vaya a reunirse con la pandilla de Calvino. Allí se sentirán como en casa. Mientras tanto, los demás continuaremos disfrutando de nuestro trabajo y de nuestros lugares de trabajo.

La parte más inquietante de la historia de Patricia es lo fácil que es permanecer en un trabajo que te hace infeliz, en parte porque estamos acostumbrados a pensar que el trabajo ha de ser desagradable y en parte porque los efectos negativos afloran en ti gradualmente. Piénsalo: ¿antes eras más feliz, sociable y activo y lo fuiste perdiendo por el camino? Quizá tu trabajo esté absorbiendo la vida que hay en ti. Tal vez sea hora de hacer cambios y pasar la mayor parte de tu jornada laboral haciendo algo que te dé vida, en lugar de algo que poco a poco te exprima la energía, la pasión y el vigor.

He aquí las principales razones para ser feliz en el trabajo.

El trabajo ocupa la mayor parte de nuestro tiempo

Tal vez pases la mayor parte del tiempo de tu vida adulta trabajando que en cualquier otra cosa, excepto quizá durmiendo. El trabajo te ocupará más tiempo que tu familia, amigos y hobbys juntos. Ese tiempo será mucho mejor empleado si lo pasas en un trabajo que realmente te hace feliz.

El trabajo nos proporciona gran parte de nuestra identidad

El trabajo está reemplazando rápidamente a la religión para dotar de sentido a la vida de la gente. El trabajo se ha convertido en aquello por lo que nos definimos a nosotros mismos, está respondiendo a las cuestiones religiosas tradicionales: ¿Quién soy? ¿Cómo puedo encontrar mi sentido y propósito? El trabajo ya no tiene que ver solo con la economía; tiene que ver con la identidad.
—Benjamin Hunnicutt, historiador y profesor en la Universidad de Iowa en Iowa City

Hace sólo 50 años la gente basaba su identidad en muchos elementos. Religión, clase, nacionalidad, afiliación política, orígenes familiares, geográficos y culturales definían todos ellos quiénes somos. Hoy en día, muchos de ellos se han subsumido en el trabajo. Cuando conoces a alguien en una fiesta, ¿qué es lo primero que le preguntas? Exacto: “¿En qué trabajas?”.

Cada vez estamos más definidos por nuestro trabajo. Es lo que ocupa la mayor parte de nuestro tiempo. Es el lugar donde podemos utilizar la mayoría de nuestras habilidades y talentos. Es donde experimentamos nuestros mayores triunfos y fracasos. Es también la base de nuestro nivel de vida. Todo ello significa que cuando el trabajo no funciona, nos volvemos muy vulnerables. ¡Por eso es tan importante la felicidad en el trabajo!

El trabajo afecta a nuestras vidas en general

La historia de Patricia demuestra que ser feliz o infeliz en el trabajo también se filtra en nuestra vida privada. Algunas personas pueden tener un día horrible en el trabajo y luego llegar a casa felices como si nada hubiese pasado. No obstante, la mayoría de las personas no pueden desprenderse de ello y un mal día en el trabajo tiende a afectar al resto de su día.

El trabajo afecta a nuestra salud

En opinión de la profesora Cary Cooper, experta en estrés ocupacional en el Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Manchester, hay cada vez más pruebas que sugieren el estrés laboral tiene un impacto significativo en nuestra salud.

La Escuela de Negocios de Manchester y la Universidad de Lancaster llevaron a cabo un estudio en 2005 a 250.000 empleados. Hallaron que la poca felicidad en el trabajo es un factor de riesgo para los problemas de salud mental, que puede ir desde agotamiento emocional, baja autoestima, ansiedad y depresión. El informe advertía que solo una pequeña disminución en la satisfacción laboral podía conllevar un síndrome de “quemarse” de “una importancia clínica considerable”.

Un estudio reciente sobre 20.000 enfermeras en los Estados Unidos durante un periodo de cuatro años concluye que la infelicidad en el trabajo es tan mala para la salud como el tabaco2.

Las personas felices no sólo son más felices, sino también más sanas.

La felicidad conduce al éxito

Un “coach” de negocios que a menudo forma a altos ejecutivos me explicó que muchas de sus sesiones terminan con sus clientes dándose cuenta de a pesar de haber conseguido alcanzar todos los signos externos del éxito, sencillamente no son felices ni en el trabajo ni en la vida. Tienen un gran despacho, un Mercedes de la empresa, un sueldo de un millón de dólares y cantidades astronómicas en opciones sobre acciones. Pero haz las preguntas adecuadas y te darás cuenta de muchos de ellos se sienten solos y perdidos. Su trabajo no les aporta ninguna alegría, no tiene ningún sentido y no les proporciona relaciones positivas y duraderas. Un alto directivo muy conocido se vino abajo llorando al tomar conciencia de que la mayor parte de su vida laboral la había desperdiciado a la caza de dinero y poder. Poco después, dejó su trabajo y ahora trabaja en algo que le apasiona (ganando una décima parte de su antiguo sueldo).

Se impone la pregunta: ¿Para qué sirve el éxito si no te hace feliz? El Dalai Lama dijo una vez:

“Creo que el verdadero sentido de la vida es la búsqueda de la felicidad”. Está claro. Se crea o no en la religión, se pertenezca a una religión o a otra, todos buscamos algo mejor en la vida. Así que creo que el motor de nuestra vida es precisamente buscar la felicidad.“

Hablaba de la felicidad en la vida, pero se aplica igualmente al trabajo. ¿Qué sentido tiene pasar la mayor parte de nuestra vida en un trabajo que no nos satisface? ¿Cómo te sentirías, en tu lecho de muerte, una vez conseguidos todos los típicos símbolos del éxito (una casa enorme, un televisor de pantalla plana en todas las habitaciones, montones de coches, un sueldazo, un cargo de responsabilidad y un gran despacho), si tu carrera no te hubiera hecho nunca feliz?

Afortunadamente, estamos asistiendo a una nueva actitud hacia el trabajo. El trabajo era algo que se hacía solo para ganarse la vida. Cada vez más, la razón para ir a trabajar es ser feliz.

Entonces, ¿deberíamos limitarnos a intentar ser felices y olvidarnos del éxito?

Ahí es donde la cosa se pone interesante: en diciembre de 2005 un grupo de investigadores publicó los resultados de un meta-estudio que unía 225 estudios acerca de la felicidad, los cuales habían examinado las vidas de 225.000 personas.

Los investigadores concluyeron que si bien el éxito te hace feliz, hay una correlación incluso más fuerte en sentido contrario, es decir, que la felicidad te conduce al éxito. El estudio también halló que las personas felices son más optimistas, extrovertidas, simpáticas, motivadas y activas: todas las cualidades esenciales para el éxito en los negocios.

Eso significa que no tenemos que sacrificar la felicidad en nombre del éxito, una deprimente presuposición muy común en estos días. De hecho, lo cierto es lo contrario: cuanto más feliz eres, más éxito tendrás.


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1Fuente: Historical Context of the Work Ethic by Roger B. Hill, Ph.D. - www.coe.uga.edu/~rhill/workethic/hist.htm.

2Fuente: news.bbc.co.uk/1/hi/health/763401.stm