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La hora feliz es de 9 a 5

Cómo adorar tu trabajo y tu vida y arrasar en tu empresa

del Director de Felicidad Alexander Kjerulf


Alexander Kjerulf

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Advertencia: puede causar infelicidad aguda

Hemos visto lo que creemos que nos hace felices en el trabajo, pero no es así y lo que de verdad nos hace felices

¿Pero qué es lo que nos hace infelices en el trabajo, y qué podemos hacer para cambiarlo?

Mira las seis acciones pro-felicidad mencionadas en el Capítulo 2. Eso hace feliz a la gente en el trabajo, y cuando no están presentes, la gente es infeliz.

Un lugar de trabajo que hace imposible ser positivo, aprender, ser abierto, participar, buscar sentido a lo que hacemos y expresar pasión y amor es con seguridad un lugar horrible para trabajar.

  En cualquier caso, aparte de la falta de estos factores positivos, ¿qué cosas del trabajo nos hacen sentir terriblemente mal?

Malos jefes

Antes era coordinador de Relaciones Públicas y redactor jefe de una organización sin fines de lucro.

Un par de meses antes de que yo tirase la toalla, mi abuela se enfermó gravemente.

Un familiar me llamó diciéndome que fuera a verla por última vez, pues se estaba muriendo.

Le dije a mi jefe que necesitaba irme porque tenía una emergencia familiar. Le expliqué la situación y lo unido estaba yo a mi abuela.

Mi jefe contestó: " Bueno, como aún no se ha muerto no tengo por qué concederte el permiso”.

Y me dijo que acabase la jornada. Sobra decir que no terminé mi jornada laboral. La razón número uno por la que la gente es infeliz en el trabajo son los malos superiores. Nada tiene más poder para transformar una buena situación laboral en una mala, que un mal jefe. Tristemente hay bastantes por ahí. Un estudio británico reciente acusó a 1 de cada 4 jefes de ser malos; un estudio noruego señalaba a 1 de cada 5.

Según las investigadoras de entornos laborales Sharon Jordan-Evans y Beverly Kaye, cuando la gente renuncia, no están dejando a la empresa: abandonan a un mal jefe. Las encuestas demuestran que hasta un 75 % de los empleados que dejan sus empleos lo hacen, por lo menos en parte, debido al gerente. En la entrevista de salida realizada por norma por el departamento de recursos humanos, puede que los empleados digan que consiguieron un sueldo más alto o una empresa más cerca de su domicilio, pero en encuestas anónimas la verdad sale a la luz: mi mal jefe me ahuyentó.

La razón por la cual tener un mal jefe es tan perjudicial es porque tiene poder sobre nosotros. Los jefes pueden cambiar nuestra situación laboral; asignarnos tareas buenas o malas y, en última instancia, despedirnos. Este desequilibrio de poder hace que tener una relación buena con tu jefe sea importantísimo.

¿Qué tipo de jefe hace que la gente se sienta infeliz en el trabajo? Un mal directivo no practica las seis cosas que hacen feliz a la gente en el trabajo mencionadas en el Capítulo 2. Los malos jefes:

  1. Son negativos.

  2. No aprenden.

  3. Son cerrados.

  4. No dejan participar.

  5. Trabajan sin buscar sentido a lo que hacen.

  6. No expresan amor.

¿Conoces algún jefe asi? ¿Eres tú ese jefe, al menos en algún momento?

A los jefes se les presiona para crear una cultura innovadora y creativa en la que los empleados puedan desarrollar al máximo su potencial. Un buen jefe debería motivar en vez de ordenar y guiar en vez de controlar. Esto es posible, pero sólo cuando los empleados son felices en el trabajo, lo que significa que los jefes tienen que aprender un nuevo estilo de liderazgo.

Sin embargo, hay muy poca información contrastada sobre el nuevo estilo de liderazgo. Por lo tanto, seamos tolerantes con nuestros jefes y directivos. Muchos están haciendo grandes esfuerzos para aprender una manera de trabajar que es nueva para todos.

Cómo tratar con un mal jefe

Si tienes una mala relación con tu jefe es de vital importancia que hagas algo al respecto lo más rápidamente posible. Quizá te sientas tentado a esperar, pensando que tal vez sea mejor dejarlo estar o que puede que tu jefe sea ascendido o trasladado o se marche. No esperes: ¡haz algo! He aquí los pasos que debes dar:

1: Califica a tu jefe

¿En cuál de estas tres categorías encaja tu jefe difícil?

  1. No sabe que es un mal jefe.

  2. Sabe que lo es y quiere mejorar.

  3. Ni quiere saberlo ni quiere mejorar.

Algunos directivos que hacen infelices a sus compañeros de trabajo sencillamente no se dan cuenta de ello: nadie les ha dicho que lo que hacen no funciona. Algunos directivos saben que lo que hacen es erróneo y desean mejorar: esas personas necesitan nuestro apoyo y consejo.

Y luego está la tercera categoría: los que directamente se niegan a reconocer que son unos malos líderes o que rechazan el hecho de que provocan descontento entre la gente en el trabajo. Estos directivos son muy difíciles de ayudar y quizá nunca sean capaces de aprender y mejorar. Aléjate de ellos lo más rápidamente posible.

2: Haz saber a tus jefes las cosas que podrían mejorar

Suponiendo que tu jefe entre en las categorías 1 y 2, debes hacerle saber aquello en lo que puede mejorar. Esto puede que te asuste a causa del desequilibrio de poder entre directivos y empleados, pero debe hacerse. Los directivos no saben leer el pensamiento y necesitan mantener un diálogo honesto y constructivo.

3: Da por sentado que no hay mala intención.

A pesar de que algunas de las cosas que hace tu jefe te hagan sentir infeliz en tu trabajo, probablemente no es esa la causa por la que lo hace. Presupón que su intención es buena y que sencillamente no se dan cuenta de los efectos de su comportamiento.

4: Escoge un buen momento para hablar.

La mejor forma de abordar el tema no es en mitad de una reunión o durante una charla casual en mitad del pasillo. Asegúrate de hallarte en un lugar tranquilo y sin distracciones y de tener tiempo suficiente para hablar.

5: Más vale pronto que tarde.

Es increíblemente tentador esperar y ver si la cosa mejora. No lo hagas. Plantea la cuestión en cuanto te des cuenta de ello.

6: Explica cuáles son los efectos en tu persona y en tu trabajo.

Sé específico y explícale a tu jefe: “Cuando usted hace X, provoca que yo haga Y, lo cual tiene como resultado Z”.

7: Sugiere alternativas.

Si puedes, explica lo que podría hacerse como alternativa y por qué eso sería mejor. Sugerir alternativas específicas ayuda a hacer cambios positivos.

8: Alaba a tu jefe de vez en cuando.

Acuérdate de elogiar a tu jefe cuando lo haga bien. Muchos directivos nunca reciben elogios porque se cree erróneamente que el elogio sólo debe emanar de los jefes hacia los empleados.

Quizá te ponga nervioso el acercarte a tu jefe para darle consejos, pero los buenos directivos se muestran sinceramente agradecidos por las críticas constructivas y útiles y valoran la oportunidad de aprender a mejorar en su trabajo.

Compañeros conflictivos

Otra causa típica de infelicidad en el trabajo son los compañeros difíciles. Los imbéciles desagradables, aburridos o conflictivos están por todas partes, incluso en el trabajo.

Los consejos del apartad anterior para tratar con malos jefes funcionan igual de bien con este tipo de gente. El punto principal es el mismo: haz algo y hazlo ahora. No esperes a que el problema desaparezca solo, por muy tentador que te parezca.

El culto al exceso de trabajo

En un reportaje acerca de los modelos de conducta en el lugar de trabajo, la CNN entrevistó a 12 conocidas figuras del liderazgo, entre las que se hallaban Carlos Ghosn de Nissan, Marissa Mayer de Google y el famoso músico de jazz Wynston Marsalis, para preguntarles cómo gestionaban su tiempo y lograban ser eficaces. Mi respuesta favorita es la siguiente:

Ya sé que para los ejecutivos es de rigor empezar el día tempranísimo, pero francamente, creo que tomo mejores decisiones y me relaciono mejor con la gente cuando estoy bien descansado, así que normalmente me levanto sobre las 8 después de una buena noche de sueño.

También procuro trabajar el número de horas normal de 40 a la semana y nunca trabajo en fin de semana. Esto es importante para mí por dos razones: en primer lugar, porque tengo una vida fuera del trabajo. Tengo una familia a la que le gusta tenerme cerca, y tengo amigos y hobbys para los que también deseo tener tiempo. Creo que el tiempo que paso fuera del trabajo me recarga las baterías, expande mis horizontes y me hace en verdad más eficiente en el trabajo.

En segundo lugar, si siempre me ven llegando a la oficina a las 6 de la mañana y marchándome a las 9 de la noche, por no hablar de atender llamadas telefónicas y escribir emails a las tantas de la noche y durante el fin de semana, con toda seguridad estoy enviando a mis empleados la señal de que eso es lo que la compañía espera de ellos, que esa es “la manera correcta” de hacer las cosas. Pero no lo es.

Es un hecho que las primeras 40 horas que un directivo o un empleado trabaja a la semana son mucho más valiosas para la compañía que las siguientes 20, 30 o 40 horas. Pero esas horas extra que se pasan en el trabajo pueden perjudicarte en tu vida privada, con tu familia y en tu salud. Lo que a su vez perjudica a la compañía.

Francamente, si no eres capaz de organizar tu tiempo de manera que tus tareas encajen en una semana de 40 horas, tienes que mejorar tu capacidad de establecer prioridades y de delegar.

Todo un soplo de aire fresco. ¿Adivina cuál de los líderes contó esta experiencia?

NINGUNO DE ELLOS.

En cambio, abundaron comentarios como “Me levanto a las 5 y llego a la oficina a las 6”, “Trabajo 16 horas al día”, “Atiendo un montón de llamadas durante el trayecto en coche hacia la oficina” y “Normalmente me marcho del despacho a las 7 y trabajo algunas horas más en casa por la noche”.

Incluso llegué a esperar que alguien dijera: “Me levanto a las 4 de la madrugada, media hora antes de irme a la cama, y trabajo 27 horas al día, con una pausa de 3 minutos para comer durante la cual dos asistentes me atiborran el gaznate de comida como si fuese una oca de foie-grass”.

Eso es el Culto al Exceso de Trabajo, la creencia de que cuantas más horas trabajes, mejor. En casos extremos lleva a lo que los japoneses, los campeones del mundo en jornadas de trabajo largas, llaman karoshi: muerte por agotamiento.

Si tienes trabajo atrasado, raramente la solución es trabajar más. Muy pocas personas, a excepción de algunos superhombres o supermujeres, pueden hacer en 60, 80 o 100 horas a la semana más de lo que se hace en 40. Si bien en un principio, y durante un corto periodo de tiempo, podríamos llevar a cabo un poco más de trabajo en 80 horas que en 40, hacer de ello una norma acarrea una serie de costes:

  • Menor creatividad, porque es más fácil ser creativo cuando estás relajado.

  • Empeoramiento de las relaciones con los colegas porque estás demasiado ocupado para conectar con la gente.

  • Menos tiempo para los amigos y la familia.

  • Menor receptividad a nuevas ideas: ¡no hay tiempo!

  • Menor energía y motivación.

  • Menor productividad.

  • Menos felicidad en el trabajo: a causa de todo lo anterior.

Como señala Carisa Bianchi, directora de estrategia de la agencia de publicidad TBWA\Chiat\Day:

Siempre encontrarás razones para trabajar. Siempre habrá algo más que hacer. Pero cuando la gente no se toma tiempo libre, dejan de ser productivos. Dejan de ser felices, y eso afecta a la moral de todos los que le rodean.

En muchos lugares de trabajo siempre hay más tareas que hacer, no importa cuántas tareas termines. Todo el mundo va siempre corriendo e incluso si te las apañaste para vaciar tu bandeja de entrada, siempre habrá nuevos encargo esperando.

No puedes solucionarlo trabajando más duro, trabajando más horas, trabajando con más eficiencia o priorizando mejor tu trabajo. Hay que hacer todo eso, claro, pero si hay demasiado que hacer, nada de eso será la solución.

Estuve trabajando en una empresa con una fuerte cultura de “exceso de trabajo”. Tras dos años obsesionado con llegar a las 7 y marcharme a las 7 (y después trabajar todavía más desde casa), mi esposa tuvo un bebé. Me tomé una semana de permiso y después pensé que tenía justificación para limitar mi trabajo a 40 horas semanales durante los dos siguientes meses debido a mi falta de sueño y a que tenía que ayudar en casa.

Durante ese periodo de dos meses me di cuenta de que llevaba a cabo lo mismo y estaba exactamente igual de ocupado que cuando trabajaba 60 horas a la semana. Desde entonces, empecé a llegar a las 8 y marcharme a las 5, a excepción de con algún proyecto grande ocasional, y dejé de trabajar desde casa por completo. Nunca fui tan feliz ni tan organizado ni tan eficaz en ese trabajo.

Todo lo que aprendí durante ese tiempo me permitió conseguir un trabajo mejor y un importante incremento salarial. Mientras tanto, siempre que hablo con empleados de mi antigua empresa, no paran de fanfarronear acerca de sus semanas laborales de 75 horas y de discutir acerca de los medicamentos anti ansiedad que toman.

−Comentario publicado en positivesharing.com

Abandonemos de una vez por todas el culto al exceso de trabajo y entendamos que lo que cuenta no son las horas, sino los resultados. Más horas NO equivalen a mejores resultados.

Estrés y “quemarse” en el lugar de trabajo

Había una vez un oso y una abeja que vivían en el bosque y eran los mejores amigos. Durante todo el verano la abeja recolectaba néctar desde por la mañana hasta la noche, mientras el oso pasaba el tiempo haraganeando tumbado en la hierba.

Cuando llegó el invierno, el oso se percató de que no tenía nada que comer y pensó: “Espero que la hacendosa abejita comparta conmigo algo de su miel”. Pero no encontraba a la abejita por ninguna parte: había muerto de una enfermedad coronaria causada por el estrés.

—De un grafiti del anónimo artista callejero británico Banksy3

El estrés laboral puede afectar seriamente a la salud y a la calidad de vida. Los estudios demuestran que el estrés laboral:

  • Aumenta el riesgo de contraer enfermedades del corazón ysufrir ataques de apoplejía y cáncer.

  • Aumenta el riesgo de insomnio, depresión y ansiedad.

  • Debilita las defensas del organismo.

  • Puede ocasionar dolor muscular crónico y migrañas.

Los costes para nuestro lugar de trabajo también son altos. Según el Ministerio de Salud y Seguridad británico:

  • El estrés laboral está relacionado con más de un tercio de los problemas de salud.

  • Cada caso de problemas de salud relacionados con el estrés causan una media de 30,9 días de trabajo perdidos.

  • Un total de 12,8 millones de días se perdieron a causa del estrés, la depresión y la ansiendad en 2004/5.

  • Una de cada cinco personas afirma que su trabajo es “muy” o “extremadamente” estresante.

    Sin embargo, hay una idea equivocada fundamental acerca del estrés, a saber, que el estrés se produce en primer lugar por trabajar demasiado. En realidad, no hay una gran correlación entre las horas trabajadas y los niveles de estrés. No importa tanto cuánto trabajas, sino cómo te sientes cuando trabajas.

    Si te sientes constantemente atrasado y desaprovechado, si te tratan de forma injusta, te ignoran o te maltratan, o si estás atravesando grandes cambios y temes por el futuro, puedes acabar estresado aunque trabajes 40 horas a la semana. O incluso 20. Si ese es el caso, trabajar menos no ayudaría nada. Más aún: no puedes combatir el estrés, ya que combatir el estrés sólo general más estrés.

    El científico médico danés Bo Netterstrom ha investigado el estrés laboral durante 30 años y afirma con claridad:

    La felicidad en el trabajo es la única cura efectiva.

En lugar de hacer hincapié en el estrés, es importante centrar tu atención en lo que te produce calma, paz y felicidad en el trabajo, y en aumentar la cantidad de momentos así. Es imposible estar al mismo tiempo feliz y estresado en el trabajo. En el capítulo 5 hallarás un ejercicio para ayudarte a lograrlo.

Alégrate por el trabajo que llevas a cabo

Si te sientes estresado porque tienes trabajo atrasado, puede ayudarte darte cuenta de lo siguiente:

Estar estresado por ir retrasado solo consigue que sea menos eficiente y que malgaste mis recursos.

Por lo tanto, celebraré y disfrutaré el trabajo que logre terminar y no me estresaré por el trabajo que todavía no haya acabado.

No es que no deba importarte el trabajo atrasado: debe importarte. Pero no tienes que acabar estresado por ello. En lugar de eso, asegúrate de recordarte a ti mismo el trabajo que ya has realizado, en vez de machacarte por lo que todavía no has hecho. Y recuerda siempre que trabajar más no es lo mismo que terminar más trabajo.

Esto también va por los jefes que estén leyendo. Si siempre te fijas sólo en el trabajo que falta por hacer, estás haciendo que tus subordinados se estresen, y que en consecuencia, sean menos eficientes. Aprecia el trabajo que se hace, haz que la gente esté contenta en el trabajo y maximizarás tus resultados.

Conflictos en el trabajo

No sé tú, pero yo odio los conflictos en el trabajo. Pasar un día entero de trabajo enfadado con un compañero, intentando evitar a esa persona e inconscientemente buscando defectos en todo lo que dice o hace no es mi idea de diversión.

Yo era un experto en rehuir los conflictos en el trabajo y ¡te digo que no funciona! Lo que funciona es agarrar el toro por los cuernos y hacer algo aquí y ahora. He sido testigo de conflictos aparentemente serios e insuperables que se disolvían por completo cuando se afrontaban de forma constructiva. Pero también he visto cómo pequeños problemillas se convertían en gigantescos y llegaban a amenazar con derribar una compañía entera.

No es posible salir victorioso de un conflicto en el trabajo. Si “ganas” en un conflicto obtienes tu beneficio sin importar lo que los demás quieren. Esto quizá sea gratificante, sin duda, pero el problema es que la cuestión de fondo no se ha afrontado. Sencillamente volverá a aflorar más adelante con otro tema. Mucho mejor que ganar un conflicto en el trabajo es resolverlo.

Y resuelve los conflictos ahora: el precio de la inacción es alto. Los conflictos enquistados sin resolver desembocan en antagonismo, en una disminución de la comunicación, en equipos ineficaces, en estrés y baja productividad. En resumen, los conflictos irresueltos hacen a la gente terriblemente infeliz en el trabajo.

Con todo esto en mente, aquí tienes cinco pasos esenciales para ayudarte a resolver de forma constructiva los conflictos en el trabajo:

1: Acepta que los conflictos son inevitables

Muéstrame un lugar de trabajo sin conflictos y yo te mostraré un lugar de trabajo en el que a nadie le importa nada. Tener un conflicto en el trabajo no significa que seas una mala persona: significa que tu compromiso es tal como para que te importe. Los mejores y más eficientes ambientes de trabajo no son aquellos sin conflictos, sino aquellos en los que se manejan los conflictos de forma constructiva.

2: Afronta el conflicto más pronto que tarde

Este es el consejo más importante para resolver conflictos: ¡hazlo ahora! Es muy tentador esperar a que los conflictos se evaporen por sí mismos, pero casi nunca es así. En la mayoría de los casos sólo empeoran con el tiempo.

3: ¡Pregunta!

En la fase inicial de un conflicto, el arma más poderosa para resolverlo es sencilla: en lugar de estar molesto con alguien, pregúntale por qué lo hizo. Hazlo con amabilidad. Di, por ejemplo, “Me estaba preguntando por qué ayer te tomaste el último café y no preparaste un poco más”, o “Me he dado cuenta de que a menudo dejas por ahí tu teléfono móvil, ¿por qué?”. “¡¿Por qué demonios hablas tan alto por teléfono?!” es menos constructivo.

4: Utiliza el lenguaje de jirafa

Para conflictos más serios que han estado larvándose durante un tiempo, utiliza el lenguaje de jirafa. Es la mejor herramienta para encauzar la crítica constructiva y resolver conflictos, y no te preocupes: no hay que utilizar sonidos animales.

El lenguaje de jirafa, también conocido como comunicación no violenta, funciona tan bien porque:

· Proporciona una estructura sólida a una conversación difícil.

· Minimiza las presuposiciones y las acusaciones mutuas.

· Se centra en los problemas reales, no sólo en los síntomas.

· Se concreta en un plan de acción, no sólo en vagos propósitos de enmienda.

No voy a extenderme aquí acerca del lenguaje de jirafa, pero puedes leer sobre ello en la página web de este libro.

5: Busca mediación

Algunos conflictos están tan enquistados que no pueden ser resueltos por los implicados mismos. Se necesita ayuda externa en forma de mediación en conflictos, es decir, una tercera persona que ayude a encontrar una solución. El mediador puede ser alguien como un directivo, un empleado de recursos humanos, un asesor empresarial o un compañero de trabajo.

Burocracia

El lugar donde trabajo está dirigido por buenas personas que no quieren convertirse en estúpidos burócratas, pero no pillan una idea muy sencilla: me pagan por hacer algo que me encanta, ¡no es necesario que me entierren en formularios y protocolos para que sea productivo! Voy a trabajar aquí con toda mi alma porque *quiero hacerlo*.

Intento esquivar los memorandos y el papeleo y recordarme a mí mismo que todo eso no cambia mi trabajo aquí, que es lo que me importa, pero diablos, cada vez que me topo con el papeleo, me deprimo y se me quitan las ganas de diseñar o construir nada.

−Comentario publicado en positivesharing.com

El papeleo es fatal para el alma. Hete aquí, un empleado con ideas brillantes, intentando hacer el mejor trabajo posible, y el reglamento de la empresa te frena en contra todo sentido común y de lo que sabes que es correcto.

Un informe de agosto de 2000 acerca de 1.100 empleados norteamericanos de varias organizaciones concluía que el papeleo organizativo, los reglamentos laborales engorrosos y los procesos enrevesados quitan una cantidad de tiempo extraordinaria. Como media, la burocracia en el trabajo roba 9,4 horas de la programación semanal. Una de cada cinco personas desperdicia más de 16 horas semanales en burocracia.

Más aún, hay una clara correlación entre los puestos de trabajo más burocratizados y los puestos de trabajo que la gente desea abandonar. En otras palabras, la gente huye de las organizaciones plagadas de papeleo[2].

Como director ejecutivo, Lars Kolind libró una guerra contra la burocracia en su compañía. Ello supuso una revolución en Oticon, que desde una posición marginal llegó a convertirse en el líder mundial en la fabricación de artículos de ayuda a la audición. Es un ejemplo empresarial notable que ahora se estudia en numerosas escuelas de negocios de todo el mundo.

En su excelente libro The Second Cycle: Winning the War Against Bureaucracy (El segundo ciclo: cómo ganar la guerra a la burocracia), Kolind escribe:

A medida que las organizaciones crecen, ganan años y tienen más éxito, van introduciendo más y más niveles de gestión, más departamentos, más procedimientos, planes, presupuestos, informes, reuniones, tradiciones y demás.

Esto conduce a que la dirección vaya estableciendo sus propios objetivos, cada vez más alejada de los empleados y los clientes. Ganar premios se convierte en algo más importante que atender a los clientes y a los empleados. La dirección pierde el contacto con el negocio, con lo que se hace cada vez más autocomplaciente e incluso arrogante.

Todo esto sólo lleva al inmovilismo , a ralentizar la acción y a no hacer nada fuera de los esquemas preconcebidos.

Este tipo de cosas hace que la gente sea totalmente infeliz en el trabajo, porque ¡todos queremos hacer un gran trabajo! No tiene ningún sentido que tu trabajo se vea entorpecido por normas estúpidas y regulaciones irracionales que lo hacen más complicado de lo necesario. Lee el excelente libro de Lars para aprender cuál es su remedio contra la burocracia, y para agradecerle que haya escrito el magnífico prólogo de este libro.

Acoso

Era como si una nube negra hubiese descendido sobre la fábrica. Todo el mundo le tenía miedo a esa nube.

Yo sabía que estaba siendo acosada y hostigada; sentía que me estaban obligando a dimitir. Cualquier paso razonable que daba para resolver mi situación era rechazado, o peor aún, completamente ignorado. Cada vez se me trataba con más dureza, me encomendaban tareas totalmente nimias; de modo que cuando me quejaba de ello me encargaban tareas físicamente imposibles de realizar.

Para abreviar, al final me vine abajo. Todo esto no sólo me destruyó a mí sino a toda mi familia

5.

Los seres humanos somos criaturas muy sociales, y el sentimiento de pertenencia es quizá nuestra necesidad más profunda y primaria. El acoso significa apartar a una persona de la comunidad y aislarla para humillarla y burlarse de ella. Esta conducta quizá pueda parecer trivial vista desde fuera, pero no son las acciones de los acosadores en sí lo que hacen daño, sino el hecho de excluir al acosado.

El acoso resulta a menudo devastador. La gente se viene abajo mental y físicamente y puede tardar años en recuperarse. Si estás siendo objeto de acoso, es extremadamente importante que actúes inmediatamente. Habla con alguien, acude a tu jefe, pide un traslado, deja el trabajo. Cualquiera que sea la opción que te parezca mejor para ti, haz algo.

Un estudio sobre 2.000 empleados del Chartered Institute of Personnel and Development en el Reino Unido halló que el 20% había experimentado alguna forma de acoso u hostigamiento en su lugar de trabajo en los últimos dos años.

Nunca se hace suficiente hincapié en lo peligroso que puede llegar a ser y lo importante que es no quedarse esperando a ver si mejora. Si tú, o alguien a quien conozcas, estás sufriendo acoso laboral, actúa ahora.

Gente negativa

¿Hay algún quejica crónico en tu trabajo? Parece como si todos los lugares de trabajo tuviesen uno: gente a la que el tiempo siempre le parece demasiado caluroso o demasiado frío, que piensa que el jefe es un imbécil, la comida es asquerosa, el trabajo da asco... No importa lo bien que vayan las cosas, ellos siempre ven solamente lo malo, e insisten muchísimo en demostrárselo a todo los que les rodean.

No estoy diciendo que haya que prohibir las quejas; como hemos visto en la página 60, es posible hacer una crítica constructiva. Pero hay que hacer algo con esos quejicas crónicos y destructivos, porque tienden a hacer infelices a los demás también. La gente negativa es muy contagiosa y un quejoso crónico fácilmente puede acabar con un departamento entero.

Hay varias estrategias que se suelen utilizan con los quejosos, pero ninguna funciona realmente.

1. No funciona intentar animarles

“Vamos, no puede ser tan malo”, “Venga, hombre, alégrate” o “El tiempo lo cura todo”.

Esto demuestra al lamentoso que no te tomas su dolor en serio. Cuando minusvaloras el dolor de un quejoso, empezará a quejarse todavía más para convencerte de que sus problemas son realmente muy serios.

2. No funciona sugerirle soluciones

“¿Por qué no haces...”, “¿Has intentado...” o “Deberías...”

Los problemas del quejica son realmente serios y no pueden resolverse con los consejos de un sabelotodo como tú (o eso es de lo que están convencidos). Cuanto más les aconsejas, más se esforzarán ellos en convencedrte a ti a sí mismos de que esas soluciones no funcionarían con ellos.

3. No funciona decirles que recobren la compostura

“Deja de quejarte y haz algo”, o una de mis favoritas: “O te quedas con el problema o te quedas con la solución”.

Eso es como decirles que sus problemas son triviales y que lo único que necesitan es reponerse: no es una buena idea.

4. No funciona quejarse de los quejosos

“Maldita sea, esta Sally no hace más que quejarse, ¿no es cierto?”

¿Sabes una cosa? Acabas de convertirte en un quejica.

5. No funciona ignorarles/evitarles

Eso hace que los quejicas clamen por más atención, lo cual normalmente hace que la gente les ignore todavía más, creándose un círculo vicioso.

6. No funciona sumarse a sus quejas

“¿Sabes qué? Tienes razón: el jefe es un imbécil. Y el tiempo es un asco. De hecho, todo es un asco.”

Esto puede hacerte sentir a gusto porque se crea un lazo y una especie de sentimiento de “nosotros contra el mundo”. Sin embargo, al final es una mala idea porque cuanta más gente se queje, menos dispuestos estarán a afrontar sus problemas.

Recuerdo que en uno de mis primeros empleos mi jefe era un completo imbécil. Mis compañeros y yo no podíamos empezar una reunión, irnos a tomar una cerveza o sencillamente reunirnos en el pasillo sin antes pasar 15-20 minutos quejándonos sobre él y sus tonterías. Pero todas esas horas-hombre malgastadas quejándonos no cambiaron nada y ninguno de nosotros hizo nada por cambiarlo. Sencillamente fuimos abandonando la empresa, uno por uno.

¿Entonces qué es lo que funciona? ¿Cómo podemos detener las quejas constantes de estos gruñones crónicos? He aquí un truco sencillo pero muy efectivo:

Una amiga mía dentista me contó que un paciente suyo, mayor y gruñón, cada vez que venía a su cita se pasaba la mayor parte de la consulta quejándose del tiempo, de sus hijos, su coche, los impuestos, la sociedad y cualquier otro asunto que se terciara.

Ahora quizá pienses “Bueno, es dentista, ¡que le llene la boca con gasa y algodón a ver si se queja!” pero mi amiga es una persona alegre por naturaleza y en lugar de eso intentaba darle ánimos. No funcionaba, solamente le hacía quejarse todavía más.

Así que le enseñé este sencillo truco y en la siguiente ocasión en que vino a la consulta ella estaba lista para aplicarlo. El señor Gruñón se sentó en el sillón y, como siempre, empezó a quejarse inmediatamente.

Tras escuchar su habitual letanía durante un rato, mi amiga dentista le dijo, con un tono de profunda simpatía, “¿Sabe qué? Todo eso me parece terrible. No sé cómo se las apaña con todos esos problemas”.

¿Adivinas qué dijo él?

“¡Bueeeeeeno, tampoco es TAN malo!”

Esta actitud funciona porque le da al lamentoso lo que realmente busca: empatía. Ni ánimos, ni consejos, ni bromas. Sencillamente comprensión humana ante, para ellos, una situación difícil.

Hay que señalar aquí dos cosas importantes. Primero: no seas sarcástico al decirlo. Sé sincero. Segundo: no tienes por qué estar de acuerdo con que se trata de problemas enormes. Incluso si todo lo que dice el lamentoso te parece trivial, recuerda que a él le parece un gran problema o de lo contrario no insistiría en ello. Lo que a una persona le parece trivial puede ser un enorme problema para otra.

Así pues, no tienes que decir “Sí, yo también creo que es un gran problema”, y ciertamente tampoco tienes que decir “Oh, pobrecito mío” en tono sarcástico. Solo tienes que aceptar el hecho de que es un gran problema para esa persona.

¿Desaparecen de esta manera las lamentaciones? A veces. Pero por lo menos evita que entres a formar parte del círculo vicioso de reacciones que solo consiguen que los lamentosos se quejen más y más. El círculo se rompe desde el momento en que te tomas en serio su aflicción.

Tareas aburridas

No existe ningún trabajo en el que todas y cada una de las tareas sea divertida y excitante. Todo trabajo incluye momentos aburridos, tareas rutinarias, encargos desagradables y trato con gente pesada. Por supuesto, si tu trabajo consiste en su mayor parte en tareas que odias realizar, entonces quizá sea hora de cambiar de trabajo.

Si tu trabajo consiste ocasionalmente en ciertas tareas aburridas, entonces tu actitud hacia estas tareas resulta fundamental. Si trabajas con un mantra constante en tu cabeza del tipo “Esto es un asco, amigo, odio hacer esto, por qué siempre tengo que hacerlo”, entonces puedo asegurarte que será un asco. Un verdadero asco.

Si en cambio las enfrentas con una actitud desenfadada, se te harán mucho menos desagradables. Incluso pueden ser divertidas. He aquí algunas actitudes que puedes probar:

  • Vamos a hacer un trabajo impresionante.

  • Hagámoslo un 10% más rápido que la última vez.

  • Vamos a ver si nos divertimos.

  • Vamos a poner toda nuestra atención en la tarea en lugar de refunfuñar sobre ello.

Y siempre queda otra opción: No hacerlo. Recuerda que las personas son distintas y que una tarea que tú piensas que es muy, muy aburrida quizá le divierta mucho a alguno de tus compañeros. En ese caso, sería una lástima privarle de la oportunidad de hacerlo, ¿no es cierto? Así que intenta averiguar si a alguien le gustaría hacer las tareas que tú odias.

Injusticia

Parece ser que el deseo de justicia e igualdad está grabado a fuego en nuestros genes. ¿No me crees? Haz el siguiente experimento: consigue un grupo de monos capuchinos y entrénalos de manera que te den una pequeña piedra de granito pulida a cambio de una rodaja de pepino. Ya esto resulta peliagudo, pero no es imposible. Los monos pronto aprenderán que cuando te dan su roquita, obtienen su recompensa.

Entonces intenta algo distinto: Pon juntos a dos de estos monos y dale a uno de ellos una recompensa mayor. A los monos capuchinos les gusta el pepino, pero les gustan aún más las uvas, ya que son más dulces. Si un capuchino te ve pagar a otro con uvas, se negará a cooperar y ya no te dará una roca a cambio de pepino. “Oye, tramposo –parece estar diciendo−, le estás pagando a ese tipo con uvas y mi trabajo es igual de bueno. Yo también quiero uvas o de lo contrario me declaro en huelga[4]”.

En otro experimento en el que se utilizaba un escáner cerebral, esta vez con humanos, los investigadores hallaron un centro en nuestro cerebro que se ilumina cada vez que creemos que nos están tratando de forma injusta. Parece ser que la justicia no es solo un bonito ideal por el que luchar, sino que tenemos una necesidad biológica de ser tratados justamente[5].

Esto explica por qué uno de los factores más desmotivadores en el lugar de trabajo es la injusticia. La gente reacciona inmediatamente ante cualquier percepción de una injusticia, especialmente cuando no están contentos con su trabajo. Jack Welch, ex director ejecutivo de General Electric, relata esta historia de los inicios de su carrera:

No me gustaban nada los métodos de mi primer jefe. Pensaba que lo estaba haciendo bien y conseguí un aumento de mil dólares: un 10% más, y estaba muy contento. Pensaba que estaba haciéndolo mucho mejor que todos los demás, que estaba trabajando a un nivel diferente y luego todo el mundo se rebotó con su aumento y al final todos consiguieron mil dólares más. Así que el aumento que tan contento me había puesto al principio, después empezó a irritarme una barbaridad. Así que lo dejé. Tenía un hijo recién nacido y estaba sin blanca. Le pedí prestados mil dólares a mi madre. Lo dejé.

No importa tanto tu sueldo, tu cargo, tu incentivo o tus extras. Lo que importa es si crees que son justos. Así que aunque la justicia en sí misma no es suficiente para ser feliz en el trabajo, la injusticia puede hacernos terriblemente infelices.

Lo que me trae a la cabeza una tira cómica del New Yorker en la que un empleado al que le deniegan un aumento de sueldo enseguida le pide a su jefe: “Bueno, si no puede darme un aumento, ¿al menos podría recortarle el sueldo a Peterson?”.

Miedo a perder el trabajo

El año pasado Jakob, un informático de 37 años, encontró un trabajo que le gustaba mucho en una mediana empresa de TI. Su jefe es un gran tipo, sus compañeros son competentes y divertidos y sus clientes son todos gente muy agradable.

Hay solo un nubarrón en el horizonte: el jefe del jefe de Jakob (uno de los vicepresidentes) no es... trigo limpio. Tiene la costumbre de convocar a todos sus empleados en reuniones en las que les echa en cara de forma colectiva y a gritos cualquier problema que note. Es agresivo y desagradable, siempre se está quejando y nunca reconoce el buen trabajo de los demás. Los emails que escribe a sus subordinados son un caso de libro por su mala educación. Y, por supuesto, tiene fama de hacer despidos sumarios de la gente que se le atraviese.

Sin embargo, a pesar de que a Jakob le gusta su trabajo, no lo necesita. Tiene una posición económica acomodada y está tan cualificado que podría conseguir otro trabajo en cualquier momento, así que no le tiene ningún miedo a ser despedido. Mientras que las demás personas de la empresa creen que tienen que morderse la lengua por miedo a las consecuencias, él se siente libre de decir y hacer exactamente lo que cree correcto.

Y esa es la cuestión: Cuando Jakob se enfrenta a su vicepresidente y le dice que no va a consentirle su desagradable comportamiento y le explica exactamente por qué su estilo agresivo crea problemas a la empresa, él le escucha. Nunca nadie le había dicho tales cosas a un vicepresidente de la compañía y por primera vez la empresa tiene un empleado a quien no le da miedo hacerlo.

El resultado: Este vicepresidente en particular está cambiando poco a poco su forma de hacer. Y por supuesto nunca dirige sus habituales ataques hacia Jakob, ya que sabe que sencillamente no los toleraría.

El riesgo de despido es la espada de Damocles que empresas y directivos ponen sobre la cabeza de sus empleados. Es un hecho consabido, si bien no se dice explícitamente, que si un empleado se pasa de la raya, será despedido/echado/acabado/guillotinado: todos ellos términos con un regusto oscuro y violento...

Por supuesto, a todos nos han enseñado que ser despedido es algo terrible que hay que evitar a toda costa: esta es la causa de que muchos de nosotros aceptemos malas condiciones de trabajo y hacemos lo que sea para conservar nuestros trabajos. La gente que tiene miedo a perder el trabajo tiende a:

  • Aguantar el maltrato por parte de la dirección.
  • Acatar órdenes poco éticas o inmorales.
  • Soportar el acoso o el hostigamiento.
  • Decir amén a todo para caer bien.
  • Enmascarar su verdadera personalidad.
  • Esconder sus verdaderas opiniones.
  • Aceptar sueldos demasiado bajos o injustos.
  • Ser lameculos.
  • Evitar quejarse de los problemas que ven.

Ya es hora de que nos liberemos del estigma del despido. Si eres capaz de reducir o incluso de librarte de esa amenaza, entonces tendrás garantizada una mayor libertad en el trabajo. Si lo piensas bien, ¿por qué tiene que ser tan vergonzoso que te despidan? Estas son las razones más comunes por las que se despide a la gente, y los motivos por los que no afectan tan negativamente a los despedidos:

Su personalidad no es la adecuada: ¿De modo que no encajas en esa empresa? Hay millones más. En algún lugar habrá otra que vaya contigo. Además, ¿quién dice que eras tú el problema?

Su cualificación no es la adecuada: ¿De modo que aceptaste un trabajo para el que no tenías cualificación? Genial. De nuevo, hay millones de trabajos más.

Se niega a amoldarse: Bien por ti. Si esa es la razón por la que te despidieron, debes estar orgulloso de haber permanecido fiel a ti mismo.

Reducción de plantilla: Miles de personas son despedidas cada día por reducción de plantilla.

Despido improcedente: Si te despidieron por quedarte embarazada, por decir la verdad o por cualquier otra excusa no razonable, entonces no hay motivo para avergonzarse.

Las excepciones a esta lista son las personas que son despedidas por acoso, abusos o sencillamente por no hacer su trabajo. Esas personas tienen que realizar un atento examen de conciencia.

Es obvio que ser despedido puede crearte problemas, pero la mayoría de ellos puedes afrontarlos de forma constructiva y así reducir o eliminar las consecuencias. He aquí algunos problemas típicos que el ser despedido puede causar y cómo mitigarlos.

Incertidumbre económica

Este debe ser el mayor problema que causa el despido: ¿cómo pagar las facturas, la hipoteca y los ahorros para la universidad de los niños?

Hay dos maneras de afrontar los problemas financieros que resultan de un despido. La primera manera es incrementar tus posibilidades de encontrar un nuevo empleo. Es cuestión de actualizar tus capacidades personales y profesionales y cultivar una buena red de contactos. La segunda manera es reducir los gastos personales, de manera que no dependas al 100% de tu nómina cada mes. Cuando dependes completamente de una nómina (o dos) todos los meses, estás atrapado, y eso hace que empeoren las cosas. Una mala situación es algo desagradable. Una mala situación de la que no se puede escapar es algo espantoso.

Si puedes reducir tus gastos personales a un cierto nivel, de modo que tengas capacidad de dejar de trabajar durante una temporada o de trabajar por menos dinero, entonces serás mucho más libre y te será más fácil encontrar la felicidad en el trabajo. Por supuesto, eso quizá signifique vivir en una casa más pequeña de lo que querrías o en un apartamento; quedarte sin esa televisión de 40 pulgadas y pantalla plana o sin un segundo coche, pero tienes que preguntarte a ti mismo si merece la pena poseer todas esas cosas. Si tu trabajo te hace infeliz, no puedes disfrutar realmente todas las cosas que puedes comprar con tu sueldo. Tiene más sentido reducir tus gastos a un nivel que te permita mayor libertad en el trabajo.

Problemas para explicar la causa del despido al próximo empleador

Si crees que ser despedido es embarazoso y que afecta a tu imagen negativamente, entonces eso se evidenciará en tu currículum y en las entrevistas de trabajo. No obstante, si levantas la cabeza y explicas exactamente qué es lo que pasó y por qué no te avergüenzas por ello, ayudará a enviar bien claro el mensaje de “Sí, me despidieron, ¿y qué?”.

Algunos empleadores lo entenderán, si eres capaz de explicarlo adecuadamente.

La vergüenza

Mucha gente se avergüenza muchísimo de haber sido despedido y de estar desempleado. El despido de tu último trabajo no constituye la típica conversación educada en una cena con extraños. ¿Por qué ser despedidos nos causa tanto embarazo? Sencillamente no tiene por qué ser así. No dejes que los demás hagan que te avergüences de ti mismo si crees que no hay nada de lo que avergonzarse.

Pérdida de relaciones

Mucha gente mantiene sus relaciones más estrechas con gente del trabajo, y perderlos puede ser doloroso. La mejor manera para mitigarlo es asegurarse de que también se tienen muchas relaciones positivas fuera del trabajo. Y aumentar tus posibilidades de volver a encontrar empleo te ayudará a establecer nuevas relaciones en en el trabajo.

Si disminuyes tu miedo al despido, aumentarás tu libertad y tu felicidad en el trabajo. Como mínimo, puedes dejar de sentirte avergonzado por algo que le sucede a cientos de miles de personas cada año, que es una parte totalmente natural de la vida laboral y que quizá no sea culpa tuya en absoluto.


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Más cosas sobre el libro


1Fuente: www.employeesurveys.com/bosses/badboss35.htm

2Fuente: money.cnn.com/2006/03/02/news/newsmakers/howiwork_fortune_032006/index.htm

3Fuente: www.artofthestate.co.uk/Banksy/banksy_coronary_disease.htm

4Fuente: www.meaningfulworkplace.com/survey/page4.html

5Fuente: www.bullyonline.org/cases/case12.htm

6Fuente: news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/3116678.stm

7Fuente: www.newscientist.com/article/dn10239-sense-of-justice-discovered-in-the-brain.html