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La hora feliz es de 9 a 5

Cómo adorar tu trabajo y tu vida y arrasar en tu empresa

del Director de Felicidad Alexander Kjerulf


Alexander Kjerulf

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Buscar la felicidad en el lugar equivocado

Existen tres cosas por las cuales tradicionalmente nos esforzamos en el trabajo. La mala noticia es que estas simplemente no funcionan, y su búsqueda constante puede incluso ser perjudicial para tu felicidad en el trabajo. Estas son:

  1. Dinero, aumentos, primas e incentivos.

  2. Símbolos de estatus corporativos, promociones, títulos impresionantes y recompensas similares.

  3. Seguridad laboral.

Mientras consideremos que estas tres cosas son las responsables de nuestra felicidad en el trabajo, no llegaremos a ninguna parte, y la felicidad en este lugar seguirá estando fuera de nuestro alcance.

NO se trata de dinero

¡IKEA vende muchos muebles! Emplea a 90.000 personas en 44 países, y sus ingresos en 2005 fueron de 14.800 millones de euros. Incluso, se ha calculado que uno de cada diez nuevos europeos es concebido en una cama IKEA.

En 2004, IKEA de Dinamarca hizo algo completamente insólito. Decidió, de manera inesperada y sin negociaciones o presión alguna por parte del sindicato, dar a todo su personal de caja un aumento del 25 %. El sueldo normal de 16.000 coronas danesas (alrededor de 2.500 dólares estadounidenses) de pronto se transformó en 20.000 coronas (unos 3.100 dólares).

¿Resultó caro? Seguro. Los cajeros no están muy bien remunerados en otros lugares; en IKEA este grupo supera en cantidad a las demás categorías de empleados, por lo que la subida supuso un importante aumento del total mensual en el apartado salarios.

¿Entonces, por qué lo hicieron? Porque hizo feliz al personal de caja - e IKEA sabe que los empleados felices generan resultados.

Sin embargo, contradiciendo esta historia, hay que decir que un sueldo alto no hace que la gente sea feliz en su trabajo. Tampoco lo logran un aumento, una prima, un premio, o cualquier otra clase de recompensa económica. Cuando una persona consigue un aumento hay un breve pico de felicidad en el trabajo, pero esta felicidad rápidamente vuelve a su estado anterior.

Cuando IKEA inició el aumento del 25 % para su personal de cajas, la empresa esperó resultados a cambio - fue esencialmente una decisión estratégica. El aumento consiguió resultados:

  • Bajó la rotación de empleados, lo que les ahorró mucho tiempo y dinero en el reclutamiento de nuevo personal.

  • Personal con más experiencia: cuanto más tiempo permanece una persona, más experimentada y mejor en su trabajo se hace.

  • Mayor satisfacción de los clientes, como resultado del aumento de experiencia y felicidad del personal.

  • Mayor calidad / menos errores, como resultado del aumento de experiencia y felicidad del personal.

¡IKEA descubrió que el aumento se pagó solo en seis meses!

¿Si un aumento no hace feliz a la gente en el trabajo, entonces por qué funcionó la idea de IKEA? Por tres motivos. Ante todo, gracias al incremento de sueldo, el nivel de vida de esas personas aumentó significativamente. El personal de caja era el peor remunerado en IKEA. Por consiguiente, un aumento del 25 % cambió palpablemente su calidad de vida para mejor.

En segundo lugar, el aumento se percibió como un reconocimiento. IKEA dejó claro que la razón por la cual ese personal recibía el aumento era porque eran el grupo de empleados más importante. Aunque haya personal dependientes en el interior de las tiendas de IKEA, la mayor parte de los clientes se atiende a ellos mismos, esto quiere decir que el único empleado de IKEA con el cual los clientes probablemente hablen, está sentado en la caja. Esto hizo que los cajeros se sintieran valorado y dignos de confianza: y eso les hizo felices.

Y finalmente, era una cuestión de justicia. Los estudios psicológicos del personal de empresas muestran que la gente no juzga su sueldo por la cifra absoluta, sino comparándolo con los de sus colegas, pares y con el promedio del mercado. El personal de cajas de repente recibió una remuneración similar a la de los demás empleados de IKEA, y muy por encima del promedio del mercado.

En resumen, esta es la verdad:

El sueldo solamente hace que aparezcamos por el trabajo cada día. No tiene ningún efecto duradero sobre nuestra felicidad, motivación o productividad.

No es una cuestión de símbolos de posición social, ni tampoco de recompensas

Alfie Kohn, autor del excelente y provocador libro “Punished by Rewards” (Castigado por las recompensas), dice así sobre los símbolos de posición social:

La idea de que agitar dinero y otros bienes delante de la gente "los motivará" para trabajar con más ahínco, es la opinión convencional en nuestra sociedad, y en particular entre los especialistas en compensación.

Las recompensas no sólo son ineficaces, sino que en realidad contraproducentes. Se ha visto que cuando se ofrecían incentivos por hacer una tarea (o, en algunos de los estudios, por hacerlo bien), en realidad, se hacía un trabajo de menor calidad que en los casos en que no se ofrecía ninguna recompensa en absoluto. Como la psicóloga de la Universidad deTexas Janet Spence afirmó, después de descubrir de esta sorprendente consecuencia en un primer estudio, las recompensas “tienen efectos que interfieren con el desempeño, de maneras que aún no comprendemos completamente”.

El libro de Kohn es fruto de una investigación meticulosa y recoge resultados de cientos de estudios psicológicos. Esta meticulosidad es esencial para comunicar el mensaje de Kohn, que está totalmente en desacuerdo con el modo en que las empresas suelen motivar a sus empleados, lanzándoles dinero y ofreciéndoles recompensas.

Una pequeña ciudad de EEUU quería promover la lectura en los niños, por lo tanto durante las vacaciones de verano pusieron en marcha un programa por el que éstos ganaban puntos cada vez que sacaban libros prestados de la biblioteca local. Esos puntos podrían canjearse por pizza gratis en la sucursal local de Domino’s Pizza.

Mientras el programa funcionó, fue un éxito y los niños que participaron leyeron muchos libros - y por lo visto engordando gracias a las pizzas. Pero ahora que el programa terminó, los niños leen menos libros. Su propia motivación natural para leer había sido reemplazada por la motivación externa de la pizza gratis, y cuando la promesa de pizza desapareció, la motivación también.

La investigación de Kohn descubrió que recompensar a la gente reduce la motivación. Esto parece contradictorio al principio, pero la explicación de Kohn es simple: Siempre que se recompensa a la gente por hacer algo, se la está motivando desde fuera, lo que inevitablemente disminuye su motivación interna. La motivación interna es la única garantía de calidad y funcionamiento a largo plazo.

Las empresas y los líderes se esfuerzan mucho para motivar a su gente recurriendo a la promesa de recompensas tales como títulos, promociones, oficinas más grandes y otros símbolos de posición corporativa, pero todo esto no hace más que precisamente disminuirla

Si las recompensas no funcionan, ¿cuál es la alternativa? El consejo de Kohn es pagar a la gente salarios justos, y luego hacer todo lo posible para no centrarse en las recompensas. Los incentivos, primas, planes de pago por desempeño, y otros sistemas de recompensa violan por su propia naturaleza ese principio. Las empresas tienen que dejar de hacer tanto hincapié en ofrecer recompensas, y los empleados tienen que dejar de correr tras ellas.

Seguridad laboral

Trabajo en el sector gubernamental en Dinamarca como “tjenestemand”, un tipo de funcionario prácticamente inmune al despido. No importa lo incompetente o desagradable que sea, despedir supondría un auténtico problema para mi departamento. Aunque el sector público está dejando de contratar gente en estas condiciones, muchas personas todavía tienen estos privilegios. No importa lo que hagan: no perderán sus empleos. Esto es lo máximo en seguridad laboral.
¡Es terrible!

La gente termina estancada. Su mundo se hace cada vez más pequeño; sus intereses, cada vez más reducidos. También se resisten a todo tipo de cambios, no importa cuán pequeño o cuán inocente. Lamento decir esto, pero en muchos casos, realmente creo que despedir a una persona la favorecería, porque la obligaría a seguir adelante.

En los estudios donde se pregunta a la gente qué les hace felices en el trabajo, la seguridad en el puesto a menudo figura en los primeros lugares de la lista. Es obvio que pasar cada jornada de trabajo con miedo a ser despedido te hará sentir desgraciadísimo. Sin embargo, el tipo de seguridad laboral que implica que casi seguro seguirás “agarrado” a tu trabajo, pase lo que pase, es también perjudicial para esa felicidad.

Rosenbluth Internacional, una agencia de viajes estadounidense especializada en empresas, con 6.000 empleados, se enfrentó a este mismo dilema. Como organización, habían decidido poner a su gente por delante de todo y convertir la felicidad de sus empleados en la prioridad número uno de la empresa. ¿Pero, si lo primero para ti es tu gente, cómo puedes despedirla?

Para el presidente Hal Rosenbluth el dilema no era tal. Para él, poner a la gente primero supone asumir la responsabilidad de despedir a quienes no encajen. No se debe despedir al primer indicio de problema - la capacitación, la formación, la orientación o un nuevo puesto dentro de la empresa pueden ayudar a motivar. Sin embargo, cuando estas cosas no funcionan, el compromiso para con la felicidad de sus empleados implica tener que despedir a los empleados que no encajen. Demasiada estabilidad laboral hará de una empresa un lugar menos feliz para trabajar. Cuando la gente permanece en un empleo para el que no está preparada:

  • Consigue un rendimiento menor

  • Su carga de trabajo es mayor

  • Aumentan los conflictos

  • Se instaura la apatía.

Permitir que un empleado permanezca en un puesto que no le hace feliz, es malo para el empleado y para todos los que le rodean. Un empleado descontento rendirá poco, y su infelicidad en el trabajo se propagará como una enfermedad contagiosa.

La poca estabilidad laboral también nos hace sentir infelices, pues nos lleva a tener miedo; a evitar los conflictos y a padecer estrés. Sin embargo, sorprendentemente, demasiada estabilidad laboral también es mala, puesto que propicia la apatía, el cinismo y la resistencia al cambio.


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