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La hora feliz es de 9 a 5

Cómo adorar tu trabajo y tu vida y arrasar en tu empresa

del Director de Felicidad Alexander Kjerulf


Alexander Kjerulf

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Imagina…

Ser feliz en el trabajo.

¿Feliz? ¿En el trabajo?

¿Ser feliz… en el trabajo?

 

Quiero que te imagines madrugando un lunes por la mañana. Imagínate apagando el despertador y quedándote un poco más en la cama antes de levantarte. La cama está blanda y calentita. Quieres disfrutar un poco más de esa sensación, pero pensar en la semana de trabajo que tienes por delante te hace sonreír y querer levantarte de la cama de un salto.

Sabes que va a ser una semana maravillosa. Harás un trabajo magnífico del que te sentirás orgulloso. Tu trabajo cambiará cosas en el mundo, igual que ocurrió la semana anterior y todas las semanas que la precedieron.

Tienes ganas de pasártelo bien con tus compañeros. Vas a ayudarles en todo lo que puedas y ellos a ti cuando lo necesites. Sabes que vas a pasar el día con gente que te cae bien y con la que puedes hablar. Gente que te valora por ser quién eres y por lo que haces.

Te ilusiona trabajar con tu jefa, una persona que admiras de verdad por su valía profesional, su amabilidad y por cómo sabe sacar lo mejor de los demás.

Te mueres de ganas de tratar con los clientes.  Te han dicho muchísimas veces que tu actitud animada y competente les infunde energía: muchos de ellos vuelven por ti.

Y lo que es más importante, tú tienes ganas de cambiar las cosas a mejor. Sabes que siendo como eres y con las habilidades que tienes, harás un trabajo del que poder enorgullecerte.

Además, sales del trabajo con ganas de volver a casa, lleno de energía. Aunque pasa sus jornadas laborales concentrado, te lo pasas tan bien que terminas el día con más energía que lo empiezas. Vuelves con ganas de compartir todo ese dinamismo y positividad con tus amigos y familia al final de otro día de trabajo fantástico.

Imagina por un momento como sería estar en la cama un lunes por la mañana diciéndote a ti mismo: ¡BIEN! ¡Voy a trabajar esta semana!”.

¿Es posible ser así de feliz en el trabajo? ¿Podemos ir a trabajar y llenarnos de energía, pasárnoslo bien, hacer un trabajo fantástico, disfrutar de las personas con las que trabajamos, asombrar a nuestros clientes, estar orgullosos de lo que hacemos, y tener tantas ganas de que lleguen los lunes por la mañana como otras personas los viernes por la tarde? ¿Podemos crear entornos de trabajo donde este grado de felicidad sea la norma, no la excepción?

¿O tenemos que aceptar sin más que el trabajo es desagradable, duro y que por eso nos pagan por hacerlo?

Este libro existe para decirte que sí, que puedes ser así de feliz en tu trabajo y que cuando lo eres, es estupendo para ti y estupendo para tu trabajo, tu empresa y tu progresión profesional, porque consigues:

  • Más motivación y empuje
  • Mejores relaciones con los compañeros
  • Más éxito profesional
  • Más creatividad y mejores ideas.
  • Más energía
  • Mejor salud
  • Menos estrés
  • Mucha más diversión

Tu vida personal también mejora porque el trabajo se convierte en una fuente de energía y buenas experiencias en lugar de una obligación frustrante, estresante y dolorosa.

Y no sólo es bueno para las personas a título individual. Cada vez más empresas se están dando cuenta de que las cosas mejoran cuando hay felicidad y de que en las empresas felices:

  • La productividad es mayor: las personas felices consiguen mejores resultados.
  • La calidad aumenta: porque a unos empleados felices les importará la calidad.
  • Menor absentismo: porque la gente de verdad quiere ir a trabajar.
  • Menos estrés y agotamiento mental: la gente feliz es menos propensa al estrés.
  • Están los mejores: la gente quiere trabajar para empresas felices.
  • Venden más: la gente feliz hace los mejores vendedores.
  • Los clientes están más satisfechos: tener empleados felices es lo mejor para atender bien al cliente.
  • Más creatividad e innovación: la gente feliz es más creativa.
  • Mayor capacidad de adaptación: la gente contenta se adapta con más facilidad y se muestra más abierta al cambio.
  • Mejor comportamiento en bolsa y beneficios más sustanciosos: por todas las razones anteriormente expuestas.

En términos sencillos: Las empresas felices son más eficientes y ganan más dinero. Y hacen felices a los demás, lo que es, por supuesto, un fin en sí mismo.

La otra cara de la moneda

La mayoría de nosotros hemos vivido probablemente la situación inversa, es decir, hemos sido infelices en el trabajo. Una vez pasé un año infeliz en el trabajo y odié con todas mis fuerzas cada segundo de él.

Después de acabar un posgrado en informática en 1994, empecé a trabajar como desarrollador y consultor y después fundé, con otros colegas locos por la tecnología como yo, una empresa de software que se llamó Enterprise Systems, allá por 1997.

Cuando empezamos la empresa teníamos una ventaja enorme: No teníamos ni idea de cómo llevar una empresa. Los tres fundadores - Patrik Helenius, Martin Broch Pedersen y yo mismo – éramos tres chalados por la tecnología felices y contentos, muy buenos técnicos y prácticamente novatos en cuestiones de negocios. Sí que teníamos bastante claro cómo NO había que hacer algunas cosas (aprendimos en nuestros trabajos anteriores), pero más que nada sentíamos pasión por hacer las cosas BIEN y por crear un lugar de trabajo que a la gente le gustase de verdad.

Esto evitó que repitiésemos el patrón habitual de “cómo montar un negocio” a la vez que nos liberó mentalmente para probar multitud de enfoques nada convencionales.

Funcionó. En nuestra empresa:

  • Se hacía un trabajo excelente.
  • Todos los empleados actuaban y asumían responsabilidades cuando era necesario.
  • Ganábamos mucho dinero. No cantidades obscenas de dinero, pero bastante.
  • Dábamos importancia al aprendizaje y a la formación continuos.
  • Todo el mundo participaba en la dirección de la empresa.
  • Todo el mundo estaba motivado y comprometido.
  • No se trabajaba mucho: 40 horas por semana o menos.
  • Nos lo pasábamos de fábula.
 

Era estupendo, pero después de tres años empecé a sentirme obligado y atrapado. Quería hacer algo nuevo y dentro de nuestra empresa era imposible. Le di muchas vueltas a marcharme, pero no me decidía a irme. Fue un error.

El último año que pasé en ella fui inmensamente infeliz.  Casi todas las mañanas al levantarme buscaba alguna razón para quedarme en casa. En el trabajo conseguí hacer muy poco y me pasaba la mayor parte del tiempo contando las horas que faltaban para marcharme.

Y esto es lo peor: Casi no me reconocía. Normalmente soy energético, positivo y divertido. Me volví cansado, negativo y amargado, no sólo en el trabajo, sino también fuera de él. Estaba deprimido y todo y todos me molestaban.

Normalmente soy una persona muy creativa a quién se le ocurren diez ideas al día, pero durante esa época mi creatividad se apagó.  Por mucho que me esforzara, no se me ocurría nada y todas las ideas de los demás me parecían una porquería. Estaba en un estado de perpetua negatividad.

Finalmente, en junio de 2002, dejé la empresa. Decidí no buscar otro trabajo enseguida, sino tomarme algún tiempo para despejarme. Esos meses de verano con un tiempo extrañamente estupendo (para Dinamarca) poco a poco de devolvieron a mi yo de siempre.  No pensé nada en mi próximo trabajo, ni miré anuncios de empleo ni sopesé empezar otra empresa.

Un precioso día de playa se me ocurrió la idea: Felicidad en el trabajo. ¡Eso era! Eso era lo que me apasionaba. En eso quería trabajar. Esta idea se convirtió en el proyecto Felicidad en el trabajo (Happy At Work Project). Llevamos haciendo feliz a la gente en su trabajo desde principios de 2003. Jefes y empleados de empresas como IBM, Lego, DaimlerChrysler, PriceWaterhouseCoopers, Pfizer y muchas otras son más felices en sus trabajos después de probar nuestros métodos.

 

¡Puedo afirmar con toda seguridad que no hay mejor trabajo que hacer felices a los demás! Siempre es divertido, emocionante y gratificante. Y cuando te paras a pensarlo, ¿no es esa en el fondo la verdadera finalidad de la mayoría de los trabajos? ¿Hacer feliz a la gente? Tienes que hacer felices a tus clientes. O a tus compañeros. O a tu jefe. O a los accionistas.

Una enfermera que haga felices y a la vez cure a sus pacientes es mejor que una que se limite sólo a curarlos.   Un jefe que hace a sus empleados felices y eficientes es mejor que uno que sólo vende eficiencia.  Un profesor que pueda enseñar a sus alumnos y a la vez hacerles más felices es mejor que uno que sólo trasmite conocimientos.

Enfoca el trabajo y los negocios desde este ángulo: Haz feliz a la gente, a tanta como sea posible y tan a menudo como puedas, dentro y fuera de tu empresa: si lo haces, el fracaso será imposible. ¡Y además te lo pasarás fenomenal haciéndolo!

 

El futuro es feliz

Tengo una gran noticia para ti: La felicidad está llegando a casi todos los espacios de trabajo. Es inevitable. Hay una tendencia imparable en el mundo de los negocios hacia concentrarse cada vez más en convertir el trabajo en una experiencia positiva y aunque no se hace sentir aún en todos los países ni en todos los trabajos, pronto lo hará. 

La razón es simple pero poderosa: Hoy en día, los factores que condicionan el éxito de una organización son la atención al cliente, la eficiencia y la innovación.  No importa lo eficiente que sea una empresa produciendo los productos de ayer si no posee la creatividad necesaria para inventar los de mañana. A nadie le importa lo eficientes que sean sus procesos de negocio si no puede proporcionar a sus clientes una experiencia memorable. 

Los estudios realizados demuestran, una y otra vez, que las empresas felices son mucho más productivas, creativas y volcadas en el buen servicio que las infelices. Por consiguiente, las empresas felices ganarán por goleada en el mercado a las infelices.  ¡El futuro de los negocios es feliz! Es inevitable.

Sin embargo, si decidimos hacer algo constructivo al respecto ahora mismo, podemos ser felices en nuestro trabajo en menos tiempo. Mejor antes que después, ¿no?  Nuestras empresas cosecharán los beneficios, humanos y económicos, este año y no en cinco o en diez.

¡Ese es el pensamiento que me hace levantarme por las mañanas, feliz y con una sonrisa puesta casi todos los lunes! 

 


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