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La primera vez que vi el puesto de Alexander en su tarjeta de visita - Director de felicidad - he de confesar que no me lo tomé en serio. Sí, claro… ¿y qué más?
Pero después me di cuenta de que Alexander no va desencaminado. Los empleados felices, los jefes felices, los clientes y los proveedores felices trabajan mejor en equipo. Sacan más trabajo adelante, se les ocurren mejores ideas y crean más valor.
La felicidad puede formar parte de la ventaja competitiva de una empresa. Determina la cultura corporativa, ayuda a atraer a los más talentosos y hace que se queden más tiempo.
He pasado unos cuantos años investigando y experimentando, tratando de encontrar una nueva fórmula para dirigir un negocio en el siglo XXI. Mi objetivo es encontrar sustituto a los rígidos y jerárquicos modelos organizativos y empresariales de antaño, regidos exclusivamente por los resultados monetarios. He logrado destilar cuatro elementos básicos:
1.
Anteponer que lo que hacemos tenga sentido a los beneficios.
2. Que la empresa trabaje conjuntamente con los empleados y con otros.
3. Crear una organización en la que prime la colaboración
4. Liderazgo por valor
Leyendo este libro me di cuenta de pronto de que la felicidad es los cimientos de los cuatro. Las empresas raramente son felices si lo único que les importa es el dinero. Es mucho más divertido trabajar por una causa que merezca la pena.
Si las empresas y los empleados son contrincantes o enemigos en lugar de aliados, nadie puede ser feliz. Si existen barreras entre los empleados que impiden la colaboración, la energía se malgasta en luchas internas en lugar de en atender bien al cliente. Una organización abierta donde se colabora se divierte más.
Es así de sencillo.
Así que me atrevo a decir que la felicidad en términos de gestión empresarial no es asunto de risa. Es pero que muy serio: Las empresas felices ganarán. Las empresas felices crecerán e innovarán.
La empresa del futuro es feliz.
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